Hallan ahorcado en El Dueso al confitero de La Duquesita, condenado a 24 años por asesinar a su mujer en Avilés


EL DERECHO PENITENCIARIO - Abel Verano (Diario Montañés)
12 AGOSTO 2026

Julio Pardo Cimiano.
Julio Pardo Cimiano, el confitero de la antigua confitería La Duquesita de Avilés condenado a 24 años de cárcel por matar a golpes a su esposa con una llave inglesa, amaneció ayer ahorcado en su celda del penal cántabro de El Dueso. Cuando los funcionarios de la prisión realizaron el protocolario recuento de las ocho de la mañana (coincidiendo con el cambio de guardia) hallaron al recluso en su celda colgado del cuello con un cinturón. Nada pudieron hacer en ese momento por él, puesto que ya no tenía pulso.

Según ha podido saber este periódico, Pardo Cimiano, clasificado como en segundo grado, desempeñaba desde hacía tiempo el puesto de panadero en la cárcel, una actividad que conocía bien tras años trabajando en la confitería avilesina.

Fuentes del centro penitenciario, que desconocen qué ha podido llevar a este preso a quitarse la vida, señalan que era un recluso bastante «normal» y que pasaba «muy desapercibido». Por la mañana, a las 06.45 horas, acudía a su puesto en la panadería y cuando no estaba trabajando casi siempre se encontraba en su celda; «apenas se relacionaba con el resto de reclusos», afirman.

Julio Pardo Cimiano fue condenado en marzo de 2018 a 24 años de prisión (pena que ratificó después el TSJ de Asturias) por matar a golpes con una llave inglesa a su esposa, Ascensión Amores Porcel, mientras dormía. La Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Oviedo le declaró culpable de asesinato con alevosía y ensañamiento, con agravante de parentesco y desprecio de género, y concluyó que lo que movió a este hombre a poner fin de forma consciente y deliberada a la vida de su esposa fue la posibilidad de que ella decidiese separarse. Además de la pena privativa de libertad la Audiencia le condenó a abonar una indemnización de 420.000 euros a la familia de la víctima (100.000 euros a cada progenitor, 50.000 a dos de sus dos hermanos y 40.000 a los otros tres) a la vez que decretó diez años de libertad vigilada a determinar al menos dos meses antes de la extinción de la pena de prisión.

«La atacó sin mediar palabra, de forma súbita, decidido a acabar con su vida y ejerciendo una violencia brutal e indiscriminada con el propósito de matarla», recogió la Sala que, además de realizar una exhaustiva descripción del crimen que en enero de 2016 conmocionó a la sociedad asturiana, narró como en los años anteriores el asesino fue «anulando la capacidad de decisión» de la víctima, de 46 años, hasta el punto de que su vida fue «transformándose paulatinamente, haciéndose más introvertida y menos social».

De hecho, la conclusión a la que llegó la Audiencia es que la víctima «se planteó la posibilidad de separarse. El acusado, temiendo que Ascensión pusiera fin a su matrimonio, decidió acabar con su vida».

Conmoción en Avilés

Para la Audiencia quedó probado que el 25 de enero de 2016 el matrimonio fue a cenar a un restaurante de la calle San Francisco, «regresando a su domicilio en torno a las once de la noche». Cinco horas después, sobre las cuatro de la madrugada, el acusado, «guiado por el ánimo de acabar con la vida de su esposa, sirviéndose de una llave inglesa (...) le propinó numerosos golpes en la cabeza (...) provocándole un politraumatismo cráneo encefálico severo que determinó su fallecimiento».

Cabe recordar que este caso provocó entonces una profunda conmoción entre los vecinos de El Carbayedo, donde ambos residían y en el gremio local de confiteros, donde el homicida era especialmente conocido. Su abuelo, Antonio Pardo, regentó en su día la histórica confitería San Francisco, en la calle homónima, frente a la iglesia de San Nicolás, y sus padres hicieron lo propio en La Duquesita hasta que Julio Pardo asumió las riendas del negocio pocos años antes del cometer el asesinato de su mujer.

En la confitería se encargaba fundamentalmente del obrador, mientras su mujer atendía al público, y además cabe recordar que el homicida era miembro del comité ejecutivo y vocal de confiterías de la Unión de Comerciantes de Avilés y Comarca.

El matrimonio no tenía hijos y según pudo confirmar entonces este periódico no constaba denuncia alguna por malos tratos.



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