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EL DERECHO PENITENCIARIO - Diario de Valladolid (Estibaliz Lera)
25 MAYO 2026
El Centro Penitenciario de Valladolid, una instalación de 21.365 metros cuadrados en funcionamiento desde 1985, afronta su primera gran transformación. La Sociedad de Infraestructuras y Equipamientos Penitenciarios y de la Seguridad del Estado (Siepse), organismo del Ministerio del Interior, ha sacado a licitación la fase inicial de un plan de modernización. El contrato establece un presupuesto de 2,12 millones de euros, IVA incluido. Las actuaciones, centradas en la renovación de los sistemas de seguridad y salubridad, cuentan con un plazo de ejecución de 15 meses.
La necesidad de esta intervención se palpa en el día a día del complejo de Villanubla. Fuentes penitenciarias describen una instalación que «está bastante deteriorada debido a su antigüedad». Los problemas estructurales, añaden, son «graves y recurrentes». «Necesita un lavado de cara y una reforma muy considerable». La situación ha llegado a un punto crítico, con episodios que comprometen la seguridad. «Cada vez que llueve mucho, caen goteras y los funcionarios tienen que poner cubos, incluso cerca de los enchufes», explican con preocupación. «El centro se ha quedado muy anticuado».
La memoria técnica del proyecto, a la que ha tenido acceso este periódico, justifica la actuación para «mejorar, actualizar y homogeneizar las condiciones de habitabilidad, salubridad y seguridad». El objetivo es «renovar instalaciones obsoletas, adaptarlas a los cambios normativos, de manera que contribuyan a un ahorro y mayor eficiencia energética».
El alcance de este primer contrato se concentra en cuatro ejes fundamentales. En primer lugar, se acometerá una reforma integral del sistema de detección de incendios. La actuación va más allá de un simple cambio de equipos, ya que implica la instalación de nuevos pulsadores, detectores y centrales en todos los edificios que componen el complejo. Para proteger la integridad del sistema en un entorno de máxima seguridad, la documentación técnica exige una medida específica: los detectores situados en el interior de las celdas «se protegerán mediante una carcasa metálica (antivandálica) anclada al techo, aprobada por Siepse, con el objetivo de evitar el sabotaje», precisan en el documento.
El segundo pilar de la reforma es la completa modernización de la infraestructura de comunicaciones internas. Se desinstalará la «obsoleta red de interfonía» para dar paso a un «sistema de interfonía digital IP compatible con protocolo SIP». Esto significa que cada una de las 409 celdas del centro, distribuidas en los módulos residenciales, de enfermería, de aislamiento o de ingresos, contará con un nuevo interfono. La fiabilidad de este sistema es crucial, por lo que la arquitectura de la red está diseñada a prueba de fallos. Estará gestionada por dos servidores centrales redundantes y, además, cada puesto de control de funcionario en los módulos dispondrá de un servidor local. Este actuará en «modo isla», lo que garantizará la comunicación dentro del módulo incluso si se pierde la conexión con la red principal, tal y como figura en la memoria.
¿Cómo funcionarán los nuevos intercomunicadores? El proceso se inicia en el momento en que un recluso o personal de seguridad presiona el botón de llamada. La tecnología no se limita a generar una simple alerta. La memoria del proyecto especifica que el sistema «identificará en tiempo real qué interfono está iniciando la llamada» y enviará el aviso a su destino. El funcionario del puesto de control puede gestionar múltiples llamadas entrantes sin ver interrumpida su capacidad de comunicación. La verdadera robustez de la tecnología se manifiesta en su capacidad para gestionar la falta de respuesta. El diseño contempla que si la primera consola no atiende el aviso, el propio interfono detecta la situación y procede a «lanzar una segunda llamada hacia un segundo centro de atención alternativo», según describe el documento técnico. Esta cadena de escalado inteligente puede rotar entre distintos puestos de control hasta que la comunicación es finalmente atendida, lo que asegura que ninguna emergencia quede en el olvido. Una vez finalizada la conversación, el sistema registra el evento y el terminal procede a «activar su estado interno ‘colgado’ y estar disponible» para un nuevo usuario.
Estas dos actuaciones se sustentarán en una tercera. La creación de una nueva red multiservicio (RMS) que funcionará como la 'espina dorsal' digital del centro penitenciario. Para ello, el proyecto contempla «el despliegue de un cableado de fibra óptica monomodo de 12 'cores' para la conexión de los nodos troncales». Esta infraestructura de alta capacidad no solo dará servicio a los nuevos sistemas de interfonía e incendios, sino que permitirá la integración de otros mecanismos futuros. Para asegurar su funcionamiento ininterrumpido, cada nodo de comunicaciones estará protegido por un sistema de alimentación ininterrumpida (SAI).
Finalmente, la licitación aborda la «renovación de 16 aseos comunes» situados en la planta baja, que en la actualidad se encuentran en un «estado deteriorado». La reforma será total, con la «sustitución de todos los sanitarios –inodoros, urinarios, duchas y lavamanos–, griferías, así como todos los acabados en falsos techos, suelos, alicatados y carpinterías interiores».
Este proyecto de 2,12 millones es solo el preludio de una intervención de una magnitud mucho mayor. Fuentes penitenciarias confirman que esta obra sienta las bases para una reforma integral prevista para el año que viene, con una inversión estimada de «12 millones de euros», cofinanciada con fondos europeos. Los trabajos preparatorios «se iniciarán en septiembre de este año».
Esa gran obra cambiará por completo la fisonomía interna de la cárcel de Villanubla. «Van a cambiar todas las cubiertas de los edificios», aseguran, para atajar las filtraciones. «La remodelación afectará a los locutorios, la zona de comunicaciones y la cocina. Una de las mejoras más significativas será la de las celdas, donde se instalarán duchas individuales para reemplazar las actuales colectivas».
La ejecución de obras en un centro con cerca de 500 internos requerirá una logística meticulosa. El plan se basará en la experiencia de otras prisiones, como la de Cuenca, trabajando por fases. «Si arreglan un módulo, por ejemplo, esos internos o se reubican en otros módulos o se envían a otro centro», detallan las mismas fuentes. La dirección ya ha informado verbalmente al personal del inicio de este largo proceso que, tras cuatro décadas de espera, adaptará la prisión de Valladolid a las exigencias de seguridad y dignidad del siglo XXI. Las empresas interesadas en ejecutar esta primera fase tienen hasta el 28 de mayo para presentar sus propuestas.
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